16 de noviembre de 2010

Hágalo usted misma... si puede

Un buen día se me dio por ir a "hacerme los pies"; ya saben, van a un lugar especializado en el asunto, en donde les hacen poner los pies en agua, crema, arreglo de cutículas, limado y finalmente esmalte de uñas. Bellísimo, glamoroso!
Me entusisasmé y me compré un esmalte del mismo tono que había elegido para que me pintaran (rojo, rojo con ganas). Al llegar a casa y probarlo, me di cuenta de que no había comprado el color exacto que quería (elegir el tono correcto de rojo sin probarlo puede llegar a ser muy difícil). Y así fue como, mediante el método de "prueba y error" (más bien, compra y error) llegué a poseer el tono deseado de rojo. Y otros 5 o 6 esmaltes más, de rojos que no me gustan y jamás usaré.
No hizo falta que transcurriera mucho tiempo para que me diera cuenta de que no soy capaz de pintarme las uñas de los pies por mí misma. Y así fue como volví al lugar especializado y, ya que estaba, me "hice" las manos, también. Vamos, que lo de las manos no parecía nada difícil! Y una vez que me limaron lindas las uñas, por qué no mantenérmelas yo misma? Sólo necesitaba algunos implementos más, a saber: base (un frasquito cuyo contenido parece blanco, pero al ponerlo sobre la uña queda más tirando a transparente-opaco), laca (es decir, brillo), óleo secante (vi que me pusieron, y me lo compré), limas de uñas y quitaesmalte, que no tenía. También compré un "calcio con color" (?) y un par de separadores de dedos para pintarse las uñas de los pies (olvidándome de que ya había comprobado que lo de los pies mejor dejárselo a alguien que sabe lo que hace).
Cuando llegó el momento de reemplazar el esmalte que me habían colocado, me senté con todo mi kit para realizar el proceso. Primero hay que sacar el esmalte anterior. Y hay pocas cosas más jodidas que remover el esmalte rojo... medio frasco de quitaesmalte más tarde, lo logré. Me lavé bien las manos, que quedaron destruidas de tanto quitaesmalte, y me puse crema. Luego saqué la crema de las uñas con un algodón con alcohol en gel (esa genial idea fue mía), y arranqué: una capa de base, una mano de esmalte, otra mano de esmalte, corrección de cagadas con un hisopo y quitaesmalte, puteadas varias, una mano de laca, un toque de óleo secante en cada uña y una hora de no poder hacer nada con las maños.
Miradas con cariño, no me habían quedado tan mal! Me aseguré de que estuvieran bien secas y me fui a dormir (porque, a todo esto, se me habían hecho las 2am con las dichosas uñas...)
A la mañana siguiente, ni bien abrí los ojos comprobé el estado del esmalte: brilloso y perfecto, nada malo había sucedido durante la noche. Contentísima por mi éxito, me fui a bañar; pero al salir de la ducha, oh sorpresa! En 3 uñas se había levantado el esmalte desde la punta, aproximadamente 1 milímetro. Mientras hacía uso del extenso listado de puteadas que conozco, intenté arreglarlo. No lo logré. Me saqué todo (mis uñas casi lloraban por el exceso de quitaesmalte), me pasé una mano de base y una de brillo a las apuradas y me fui.
Así que ahí quedó todo mi kit de cuidado de uñas casi nuevo, y mis uñas cortadas bien cortitas para que no jodan más... al menos hasta la próxima vez que (habiéndome olvidado de anteriores fracasos y de estas líneas) intente embellecerlas por mí misma.

1 comentario:

  1. jajaja, me duele el estómago de tanto reír.

    Como todo, es cuestión de práctica. El "arte" de quitarse el esmalte se va a aprendiendo, como las formas de limarse las uñas, cortar las cutículas, etc.

    Pero también es importante la calidad del esmalte que usás, y de todas las demás boludeces que te agregás (a veces la culpa no es del esmalte, sino de lo demás).

    Yo voy a dar un paseo por una peluquería donde me hice las manos una vez, y me duraron perfectas unos cuantos días, para comprarme el esmalte exacto que usan ahí (también lo venden).
    veremos si respetando toooodas las variables el resultado es el mismo: las uñas divinas por más días ;)

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