2 de diciembre de 2010

"No son recuerdos, es mugre!"

Desde chica, siempre fui de guardar "recuerdos" de momentos o épocas que tuvieron algún significado para mí. No estoy hablando de los típicos recuerdos, como pueden ser una foto o una carta; ni de mis diarios personales, sobre los que ya conté algo. Esta categoría, en mi caso al menos, incluye cosas de todo tipo: entradas, boletos, folletos, etiquetas; y algunas tan inverosímiles como el forro de plástico de una carpeta del primario en el que mis amigas y yo plasmamos nuestros más profundos pensamientos (como por ejemplo "Aguanten los Guns" y "Axl sos un potro"). Mugre, podrán decir ustedes. Y tendrán un poco de razón.

Con estas cosas he llenado unas cuantas cajas; pero últimamente, digamos desde hace cosa de un año, dos cosas están pasando: la primera es que ya no guardo ese tipo de cosas. Por ejemplo, si me voy de viaje, cuando llego a casa, los pasajes, folletos del hotel y otros papelitos del estilo van a parar a la basura. La segunda es que, de a poco, me estoy deshaciendo de todos (o casi todos) los "recuerdos" que he ido acumulando.

Cuando empecé con esa limpieza gradual, encontré que era casi terapéutico. Como largar lastre. Vaciar cajas y cajones, exclmando cada tanto "Y esto para qué mierda lo guardé??"
Y no solo cosas relacionadas con momentos que ya no me interesa recordar (o que prefiero no recordar, ejem); es liberarme de un montón de cosas que guardaba solo porque "...y cómo vas a tirar eso?" Como si tirar las boludeces atadas a un recuerdo fuera a eliminar el recuerdo mismo.

Sería interesante poder deshacerse de la misma manera del "lastre emocional", verdad? Lástima que ese no lo guardamos en una caja forrada con papel de Mickey Mouse...

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