24 de enero de 2011

La Sádica

Hola, mi nombre es Lucía, y soy masoquista.

Sí, así nomás.

De otra manera no se explica esta relación enfermiza en la que me embarqué hace ya más de un año, en donde todo es dolor y sufrimiento, al que yo me presto voluntariamente.
Debería escapar de ella, pero sé que no puedo. Me lastima, y a esta altura estoy casi segura de que lo disfruta...

Estoy hablando de mi ortodoncista, más conocida como "La Sádica".

Sí, ya sé, nadie me obligó a empezar el tratamiento de ortodoncia, mucho menos ortodoncia lingual.
En honor a la verdad, debo decir que La Sádica me advirtió que era un tratamiento más largo, caro, incómodo y doloroso que la ortodoncia tradicional (o vestibular, para los entendidos en el tema).
Por supuesto que a mí, como buena cabeza dura que soy, no me importó, me empeciné en que "por afuera no, no voy a poder soportarlo, me traumaré irreversiblemente", y fui nomás por la lingual.

Pero mi constante costumbre de tomar malas decisiones quedará para otro post. Maybe.

Les cuento sobre La Sádica.

Ella AMA su trabajo. No entiendo cómo alguien puede apasionarse por la odontología, mucho menos por la ortodoncia (los estoy escuchando pensar "Vos callate, que sos Contadora y te gusta"...)

No sólo que lo ama, sino que es una tipa muy... entusiasta, para utilizar sus propias palabras. Ella misma me dice "lo que pasa es que yo me entusiasmo y le doy, viste!" mientras que de mi boca chorrea sangre suficiente como para filmar una película de terror clase B.

Mientras trabaja, sonríe y acota cosas como "Ahh bien, bien la oclusión!" o "Este canino está quedando re fashion!" (no, no es ficción para este blog, les juro por mis premolares que dice eso).

Cada tanto me pregunta "Estás bien Lucía?". Yo, que nunca estoy bien cuando estoy sentada en su sillón, trato de negar con la cabeza, acompañando el movimiento con mi cara de terror, pero se ve que es sólo una pregunta de cortesía, porque sigue escarbando, explorando y serruchando dentro de mi cavidad bucal a su gusto e piacere.

Otras veces tomo la iniciativa y exclamo "Mmmhhmmmfhfmmmm!!" que significa algo así como "Reverenda yegua, me estás matando, pará un poco!!". Ella sólo responde "Un poquito más y ya estamos, eh". O "Ay, no es para tanto, te duele mucho?".

Un par de veces me incorporé en el sillón, y me negué a volver a la posición de trabajo hasta que no me diera anestesia. Ella se reía mientras buscaba la jeringa y me decía "Ay Lucía, sos terrible, cómo me hacés reír! No quería darte anestesia por esta pavada!".

"Uy, disculpame!" es una de sus frases más usuales, que ha seguido a cosas tan variadas como:

- una escapadita del torno hacia mi encía.
- una escapadita del explorador hacia mi encía.
- una escapadita de la pinza con la que estaba tironeando un bracket hacia mi labio inferior, con el consiguiente rompimiento de dicho labio contra los dientes.
- una escapadita del ácido que se usa para "grabar" el esmalte hacia mi lengua (una vez) y hacia mi encía (otras dos o tres veces).


Los que tengan o hayan tenido ortodoncia fija, por cualquier método, saben de qué se trata esto; horas con la boca abierta, con el consiguiente violento dolor de cabeza posterior (en mi caso, agravado por un problemita que tengo en la articulación de la mandíbula), el eyector (el coso ese que aspira la baba) constantemente en la boca, la sequedad de la lengua, arcadas, dolor (sea lo que sea que te estén haciendo, duele), incomodidad general, y reiteración hasta el infinito, mentalmente, de la pregunta "Pero quién carajo me mandó a mí a meterme en esto, la p$&"%&$&#!"#&#&".

Con cada visita, normalmente semanal (o cada dos semanas, si estoy de suerte), el ibupirac 600 se transforma en mi mejor amigo, y la comida sólida es tan solo un lindo recuerdo del pasado. Le gruño a la gente, un poco porque estoy de mal humor, y otro poco porque no puedo modular ninguna palabra.

Debo decir que lo peor ya pasó (creo, y escribo esto cruzando los dedos).

Los primeros meses fueron trágicos, y no estoy exagerando; con todos los preparativos, arco de acá y de allá, colocación de los brackets superiores, lengua lastimada todo el tiempo, pérdida de la capacidad de pronunciar la "rr" y la "s" (con la consecuente pérdida de un poco de dignidad y bastante autoestima). Una vez que más o menos me había acostumbrado, colocación de los brackets de abajo (ahí aprendí lo que era sufrir en un sillón de dentista, y eso que ya había pasado por 4 extracciones de muelas, dos de ellas con cirugía incluida...)

Y todavía me queda un año. Mínimo.

Mi próxima cita es el 4 de febrero. Sepan disculpar si ese día me lo paso a las puteadas. Ya saben de qué se trata.

4 comentarios:

  1. Para q el sadico existe tiene q existir el masoquista
    asiq deja de quejarte lulaina ajaja
    una tortura realmente, no se como podes soportarlo, a mi la sola idea del dentista me pone los pelos de punta peor q la idea del parto para q te des una idea :S

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  2. Y yo me hago cargo, fijate cómo arranco el post. Lo reconozco. Me gusta sufrir! Jajaja

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  3. A veces es peor el remedio que la enfermedad... Qué va a hacer... Lu, a lo hecho pecho... Sabés qué hago yo después de ir a la dentista? Me compro algo que me guste como recompensa, jajaja! Es la única forma de seguir... por lo menos para mí que detesto los dentistas... Besos enormes y fuerza!
    Me hizo reír el post de ayer!

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  4. Jajaja Chachi yo hago lo mismo, pero me lo compro antes, como para tomar coraje... la última vez me compré un par de sandalias, y con lo que me hizo la muy turra, creo que me quedé corta :P
    En fin, a bancarla, cuando me quiera acordar, va a haber terminado.
    Besos!

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