5 de julio de 2015

Vacaciones 2015 en Cuba - La Habana (I)

Estimados lectores, el mes pasado me fui de vacaciones a Cuba. Estuve en La Habana, y en el Cayo Santa María.

De La Habana sólo pude recorrer la parte de la Habana Vieja, por una cuestión de tiempo (estuve una noche y un día entero cuando llegué, y una noche y la mañana siguiente, antes de irme). En esa zona van a encontrar dos cosas: edificios de la época colonial, y construcciones más "nuevas", y por nuevas me estoy refiriendo a construcciones de principios del siglo XX (ponele, porque tampoco me fijé en qué año se construyó cada cosa, yo soy más de contarte que había "una pila de edificios del año del pedo", y mostrarte fotos). También van a encontrar un enjambre de cubanos dispuestos a ofrecerles desde un tour por la ciudad hasta matrimonio. No es joda. Los locales son muy... charladores, digamos, porque no quiero utilizar la expresión "pesados como vaca en brazos", pero tampoco estaría muy lejos de la realidad. Ni hablar si ustedes viajan solos, como yours truly; la cantidad de veces que tuve que responderle a cubanos con los ojos desorbitados que sí, que viajaba sola; que sí, me gusta hacerlo; que no, no siempre es necesario estar con alguien; y que no, no me quiero casar con vos, LEAVE ME THE FUCK ALONE, no les puedo explicar.

Salí de mi casa el lunes 15 a la 1 am. Llegué al hotel de La Habana el mismo día a las 19.30, aproximadamente. Para ese entonces, no sólo tenía un largo viaje encima, con una conexión en Lima, sino que llevaba casi 30 hs sin dormir como corresponde. Les cuento esto para que se imaginen las ganas locas que tenía de ducharme y relajarme cuando llegué.

El hotel (me alojé en el Mercure Sevilla), es antiguo. Y cuando digo "antiguo", me refiero a que Al Capone se alojaba ahí #TrueStory. Está muy bien ubicado, y el lobby es hermoso, pero tiene unos cuantos inconvenientes, y desde ya que sus 4 estrellas no son tales. No me voy a explayar acá, porque ya dejé mi review en Tripadvisor; baste decir que desde que llegué hasta que finalmente me pude instalar y bañar, pasaron dos horas y media, y pasé por tres habitaciones distintas.

Tratando de manejar el carajo que tenía a esa altura (pero sin lograrlo demasiado), me cambié y bajé a ver qué onda. Como ya era tarde, me quedé dentro del hotel, en el bar Patio Sevillano, tomando algo y escuchando música en vivo, y ahí sí me cambió el humor.


Bar Patio Sevillano.


Parte del enorme lobby.


Miau.

Al otro día, ya descansada, me levanté bien temprano para empezar la jornada de excursión y aventura (bueh). Antes de salir, fui a mi "desayuno especial" en el noveno piso, que me habían dado en compensación por los inconvenientes del día anterior. El restaurant del noveno piso es más lindo que el buffet de planta baja, y más tranquilo, además de tener buenas vistas de la ciudad.



Desde el noveno piso del hotel: Paseo del Prado, Malecón y Faro.

Salí del hotel a eso de las 8.30, y no había caminado ni media cuadra, que ya me empezaron a interceptar los locales: que fuera a comer acá, que fuera a bailar allá, y que si quería comprar habanos, aproveche a hacerlo en las "cooperativas", en donde una vez al mes están más baratos por disposición de Raúl Castro (?), y JUSTO ese era el día. A propósito de esto, les aviso por si alguna vez van a Cuba: NUNCA compren habanos fuera de las tiendas oficiales, y siempre pidan la factura. Los que les venden el la calle, o en las "cooperativas" no son originales, y la calidad es inferior. Prácticamente todos los que me interceptaron en la calle me los ofrecieron, y son bastante insistentes. Si quieren sacárselos rápido de encima, digan que no tenían pensado comprar, o que ya lo hicieron. También hay muchos que ofrecen sus servicios de guías, tanto a pie como en bicitaxis, o cocotaxis. Y son igualmente insistentes.

Luego de varias propuestas turísticas, comerciales y matrimoniales, me encaminé rumbo a la plaza de la Catedral. Cabe aclarar que todo está muy cerca y se puede hacer caminando. No había un alma por ningún lado: La Habana Vieja amanece pasadas las 10.30. Tanto los negocios como los puestos de artesanías y mercadillos de libros abren alrededor de las 11. La Catedral abre cuando (y si) se le canta el culo, al parecer, porque ese día estuvo cerrada todo el tiempo. Y los museos tienen horarios de apertura variables. Eso no me preocupaba, porque el único museo al que me interesaba entrar estaba al final de mi recorrido: el Museo del Ron Havana Club. También pasé por la famosa Bodeguita del Medio: cerrada. Y, todo bien, pero tiene pinta de sucucho.

De la plaza de la Catedral me fui a la Plaza de Armas, Plaza de San Francisco de Asís y Plaza Vieja, alrededor de cada una de las cuales había varios edificios de la época de la colonia: palacios de antiguos nobles, el Castillo de la Real Fuerza, Palacio de los Capitanes Generales; y también la Lonja de Comercio, entre otras cosas.


Catedral.

Antigua Casa de Baños, hoy tienda de artesanías.

Casa del Conde de Casa Bayona, actualmente un Museo de arte colonial.

Oficina del Historiador de la ciudad. Los adoquines de esa calle que se ve son de madera.

Plaza Vieja.

Fuente de los leones en la Plaza de San Francisco de Asís.

Cerca de las 11 llegué al Museo del Ron Havana Club, e hice la visita guiada, que es interesante, y abarca desde los orígenes de las plantaciones de caña de azúcar, hasta cómo se fabrica el ron. El recorrido termina, por supuesto, en el bar del museo. No sé si tomar ron puro, a temperatura ambiente, a las 11.30 am en un día de unos 36°C es buena idea, pero "allí donde fueres, haz lo que vieres", así que bottoms up. Por supuesto, la visita no está completa sin pasar por la tienda.


Maqueta de un ingenio azucarero, con todo y su trencito que daba vueltas.



Desde ahí arranqué la vuelta para el punto de partida, pero por la calle Obispo, donde hay negocios y un lugar tipo feria de artesanías, y pasé por el otro famoso reducto, El Floridita. Entré con toda la intención de reservar para cenar a la noche, pero ya no había lugar (ni para esa noche, ni para el resto de la semana. Ok...). Luego de una entrada a boxes en el hotel para dejar las compras, darme una ducha y cambiarme la ropa, porque el calor era tremendo, seguí con mi mini city tour, y fui para el lado del Museo de la Revolución (que me interesaba, más que nada, por el edificio, y no tanto por su contenido). Al terminar, pensaba visitar el Capitolio, el teatro García Lorca y la fábrica de tabaco Partagás, pero todo estaba cerrado por restauración, así que caminé por el Paseo del Prado (que en realidad se llama Paseo de Martí), y llegué hasta el Malecón, en donde me senté un rato a descansar, ver el mar y ser acosada por más locales con ganas de charlar y/o encararme (uno de los cuales me explicó, con lujo de detalles, por qué la selección argentina de fútbol no andaba bien, y cómo la formaría él. Un-fucking-believable).

Antiguo Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución.


Vista de la calle desde el Museo.

Camilo y el Che.

Paseo del Prado


Teatro García Lorca.

Capitolio.

Malecón.

Muerta de cansancio y calor, volví al hotel pasadas las 6 de la tarde. Esa noche cené en el noveno piso y me fui a dormir, porque al otro día salía temprano para el Cayo, y así terminó mi primer tramo del viaje.