20 de octubre de 2015

Muse o Mute?

Por Ana Mancuso*

"... aún sordo, tocó con tal originalidad, sensibilidad y expresión, que claramente lo destacaban frente a otros pianistas... Fue emocionante ver a un artista cuya ejecución conmovió tanto al público, sabedor de que ninguno de los sonidos que obtenía del instrumento podría jamás penetrar su alma..."

Esta mañana me encontré en un libro que estoy leyendo sobre las relaciones entre el cerebro y la música con esta cita. El autor se refiere a Bedrich Smetana, un compositor del siglo 19, de Bohemia, Imperio Austrohúngaro, actualmente República Checa. La crónica habla de este señor a quien se lo convenció de tocar el piano en un concierto en su honor a sus 56 años, cuando ya estaba casi completamente sordo. Leer ese pedacito e imaginarme que una persona amante de la música perdiera la capacidad de escucharla me causó tanta angustia que me dolió y se me llenaron los ojos de lágrimas.

Esta introducción es para que se entienda exactamente desde dónde hablo cuando digo que lo de concierto del sábado de Muse me causó dolor, tristeza, angustia, bronca.

Si durante meses esperás un concierto de una banda que te encanta y que tiene todo para dar un show que se quede en tu memoria (y en la de todas las personas con las que hablás la semana posterior, porque les limás la cabeza contándole lo bueno que estuvo), pero cuando estás en el lugar te encontrás con que los temas suenan mejor en tu celular que en el predio, la decepción no es grande, es enorme.

Y ojo que no estoy hablando de "se escuchó un poquito bajo". No. No estoy hablando de un gap de 10 centímetros entre lo esperado y lo obtenido. Estoy hablando de una brecha de kilómetros.

Se habló de la cantidad de gente, del factor del viento, y de no sé cuántas cosas más. Excusas todas para tapar el hecho de que en el campo trasero (y digo trasero, no común en oposición a VIP, porque el supuesto campo VIP ocupaba poco menos de la mitad del espacio) no había un fucking parlante. Ni uno. La "torre de sonido"? estaba dentro del supuesto campo VIP y les puedo asegurar que de ahí podía salir cualquier cosa menos sonido. 

Pero ni siquiera fue solo un tema de volumen, porque muchísima gente que estaba cerca, que estaba en el campo VIP también escuchó pésimo. Perdón, me corrijo, no pésimo, COMO EL ORTO. Y disculpen la efusividad y el exabrupto en un blog en el que juego de invitada, pero es que con la música esto no se hace. Había momentos en que los solos de guitarra de Matt brillaban por su ausencia, mientras vos veías que el tipo se estaba casi contorsionando en el escenario mientras le daba a su guitarra, y entonces te terminabas preguntando si habías ido a ver a Muse o un show de mimo. Había otros momentos en que la voz de Matt quedaba por debajo de las back vocals del bajista, momentos en que el bajo no se escuchaba (el bajo no se escuchaba! Se entiende? EL BAJO! Que es pieza clave en muchos tema de la banda), u otros en los que tenías la sensación de estar escuchando un poco producido demo o la canción que más te gusta sonando en la radio del vecino...

En cambio, lo que si se escuchó muy bien fueron los gritos y puteadas pidiendo por el volumen, lo triste de las débiles palmas en Starlight (momento que en los shows de Muse suele ser una fiesta), lo despacito que la gente coreaba una canción (no sé si por falta de emoción o porque si cantaban más fuerte no escuchaban a la banda), los pocos aplausos, los silbidos y los comentarios de indignación.

Triste. Excesivamente decepcionante y triste.

Lo bueno del caso es que esta vez, parece que nos cansamos. Y hay mucha gente que está tratando de organizarse para reclamar seriamente a la productora que (mal) organizó este evento. Para el que haya estado en el show y le interese, pueden enterarse de pasos a seguir por acá.

A mi honestamente no me interesa la plata, no soy parte de esta acción por 800, 1.000 o 1.500 pesos. Mi participación tiene que ver con que no quiero más irme de un recital, que para mí es un evento lleno de emociones de todo tipo, amargada porque un forro no quiso poner un par de parlantes. No quiero más estar en frente de una banda que me encanta, y desear que se vayan y dejen de tocar porque escuchar sus canciones de esa manera paupérrima me hace sufrir. No quiero más escuchar a una amiga, al borde de su resignación, diciendo "Y bueno, la próxima ya sabemos que tenemos que ir al VIP". NO, no tiene que haber una próxima así, en la que yo me vaya al VIP, pero otras 10.000 personas a las que comprar un ticket les costó mucho se vayan igual de amargadas que yo este sábado.

Con la música y con lo que ella nos provoca, no se jode. Que lo entiendan de una vez.


* Ana es, como ya saben los cuatro gatos locos que leen este blog, mi hermana. El 17 de octubre de 2015 fuimos juntas al decepcionante show de Muse en el Complejo al Río, en Vicente López.

15 de octubre de 2015

Vacaciones 2015 en Cuba - La Habana (II)

Mi último día en Cuba lo pasé en La Habana: desde que llegamos desdeel Cayo, a eso de las 20.30, hasta el día siguiente, que salí para el aeropuerto a las 14 hs.

Me instalé en el hotel, y después de ocuparme de un par de cuestiones administrativas salí a recorrer: fui para el lado del Paseo del Prado, que es potencialmente lindo, pero está poco iluminado y desaprovechado, y caminé por ahí hasta el Malecón. La idea era ver el Malecón de noche, caminarlo un rato, y buscar el restaurant ruso donde trabaja Fidel (no el Comandante, sino el amigo que me hice en la fiesta de la playa).

Ba ba bacardi ♫

Paseo del Prado. Ponele que enfoqué.

Malecón.

Palacio de los Matrimonios.

Mientras caminaba por el Paseo del Prado los lugareños estaban peor que los mosquitos en el Cayo, OMG. Y lo mismo por el Malecón. Había uno que me perseguía, que me hizo anotar su mail, y que preguntó una docena de veces por qué no quería companía... entre la insistencia de los locales, lo mal iluminado que estaba y el olor que había, mi recorrida por ahí no duró mucho más que un par de cuadras. Me imaginaba algo completamente distinto.

La pena de estas cosas es lo mal aprovechados que están esos lugares que podrían ser espectaculares. Falta iluminación y limpieza. No vi un solo tacho de basura en toda la Habana Vieja.

Encontré el restaurant de Fidel, pero no estaba trabajando ese día; así que volví por el Paseo del Prado, llegué hasta el Hotel Inglaterra, y cené en su terraza, que está abierta al público y es muy linda. Desde ahí se ve el teatro iluminado, muy bello. Había un grupo de música (parecían umbandas cubanos) que medio no me copaba, pero bueno.

Desde la terraza.

Después de cenar me volví para el hotel, con varias propuestas más de matrimonio por el camino, y dejé la valija lista.

Al día siguiente, me levanté temprano para bañarme, desayunar y salir a recorrer por última vez. Llegué hasta el edificio Bacardí, porque desconfiaba del sujeto que el primer día me dijo que no se podía subir. Y lo bien que hice: si bien es cierto que ya no hay un bar, ni nada turístico (de hecho, son oficinas estatales), se puede subir a la torre, previo pago de un CUC, y hacia allí fui, acompañada por el de seguridad, que también actuó como cobrador. Obviamente yo era la única loca que había querido subir. El último piso, y las escaleritas de caracol que llevan a la torre propiamente dicha están destruidos, no sé si en proceso de reparación o qué porque hay bolsas de materiales por todos lados. Se nota que en sus años mozos (?) ha sido un edificio muy lindo. Ya que estaba, le pregunté al guardia por qué no hay ron Bacardí en Cuba, y me contó. Así que terminó actuando también de pseudo guía turístico.


Vista desde el Edificio Bacardí.

Teatro García Lorca.

El cliché.

Palacio Presidencial (Museo de la Revolución) visto desde mi hotel.

Bar Patio Sevillano.

La vista desde arriba es muy buena, pero el estado del mirador es lamentable, me dio una pena tremenda. Así y todo pude ver bastante; vi mi hotel, el Palacio Presidencial, el mar y el faro. Al bajar, caminé un poco más, y ya después volví al hotel, me di otra ducha porque CALOR, y me quedé haciendo tiempo en el lobby hasta que me pasaron a buscar; y así terminaron mis aventuras en Cuba.

5 de octubre de 2015

Qué te pasa?

Creo que ya he dicho esto hasta el cansancio, pero "Qué te pasa?" (o su equivalente "Te pasa algo?") es una de las preguntas que más detesto y más me incomoda; ante esta pregunta, hay dos posibilidades:

1. No me pasa nada. La respuesta es: "Nada".

2. Me pasa algo, que claramente no se me cantó el culo compartir con el Universo, o con la persona que está preguntando, al menos. La respuesta es: "Nada".

En ninguno de los dos casos es buena idea insistir con "No, porque te noto rara", y pelotudeces del estilo. El segundo "Nada" va a venir acompañado de una tremebunda cara de orto.

A veces, la gente no quiere hablar. Aprendan a respetarlo.