15 de octubre de 2015

Vacaciones 2015 en Cuba - La Habana (II)

Mi último día en Cuba lo pasé en La Habana: desde que llegamos desdeel Cayo, a eso de las 20.30, hasta el día siguiente, que salí para el aeropuerto a las 14 hs.

Me instalé en el hotel, y después de ocuparme de un par de cuestiones administrativas salí a recorrer: fui para el lado del Paseo del Prado, que es potencialmente lindo, pero está poco iluminado y desaprovechado, y caminé por ahí hasta el Malecón. La idea era ver el Malecón de noche, caminarlo un rato, y buscar el restaurant ruso donde trabaja Fidel (no el Comandante, sino el amigo que me hice en la fiesta de la playa).

Ba ba bacardi ♫

Paseo del Prado. Ponele que enfoqué.

Malecón.

Palacio de los Matrimonios.

Mientras caminaba por el Paseo del Prado los lugareños estaban peor que los mosquitos en el Cayo, OMG. Y lo mismo por el Malecón. Había uno que me perseguía, que me hizo anotar su mail, y que preguntó una docena de veces por qué no quería companía... entre la insistencia de los locales, lo mal iluminado que estaba y el olor que había, mi recorrida por ahí no duró mucho más que un par de cuadras. Me imaginaba algo completamente distinto.

La pena de estas cosas es lo mal aprovechados que están esos lugares que podrían ser espectaculares. Falta iluminación y limpieza. No vi un solo tacho de basura en toda la Habana Vieja.

Encontré el restaurant de Fidel, pero no estaba trabajando ese día; así que volví por el Paseo del Prado, llegué hasta el Hotel Inglaterra, y cené en su terraza, que está abierta al público y es muy linda. Desde ahí se ve el teatro iluminado, muy bello. Había un grupo de música (parecían umbandas cubanos) que medio no me copaba, pero bueno.

Desde la terraza.

Después de cenar me volví para el hotel, con varias propuestas más de matrimonio por el camino, y dejé la valija lista.

Al día siguiente, me levanté temprano para bañarme, desayunar y salir a recorrer por última vez. Llegué hasta el edificio Bacardí, porque desconfiaba del sujeto que el primer día me dijo que no se podía subir. Y lo bien que hice: si bien es cierto que ya no hay un bar, ni nada turístico (de hecho, son oficinas estatales), se puede subir a la torre, previo pago de un CUC, y hacia allí fui, acompañada por el de seguridad, que también actuó como cobrador. Obviamente yo era la única loca que había querido subir. El último piso, y las escaleritas de caracol que llevan a la torre propiamente dicha están destruidos, no sé si en proceso de reparación o qué porque hay bolsas de materiales por todos lados. Se nota que en sus años mozos (?) ha sido un edificio muy lindo. Ya que estaba, le pregunté al guardia por qué no hay ron Bacardí en Cuba, y me contó. Así que terminó actuando también de pseudo guía turístico.


Vista desde el Edificio Bacardí.

Teatro García Lorca.

El cliché.

Palacio Presidencial (Museo de la Revolución) visto desde mi hotel.

Bar Patio Sevillano.

La vista desde arriba es muy buena, pero el estado del mirador es lamentable, me dio una pena tremenda. Así y todo pude ver bastante; vi mi hotel, el Palacio Presidencial, el mar y el faro. Al bajar, caminé un poco más, y ya después volví al hotel, me di otra ducha porque CALOR, y me quedé haciendo tiempo en el lobby hasta que me pasaron a buscar; y así terminaron mis aventuras en Cuba.

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