11 de enero de 2016

Bowie

Mi primera reacción fue una total y absoluta negación. "No puede ser", le dije a mi hermana, que me daba la noticia de la muerte de Bowie. Se lo dije convencida, como si negarlo con la suficiente firmeza fuera suficiente para hacer que no fuera cierto. "Hace tres días salió su disco nuevo", agregué, como para explicarle que, simplemente, era imposible.

Pero era cierto. 

Leí un montón de notas sobre él, y leí cosas que gente que no es periodista, simplemente admiradora, escribió al respecto. Yo no soy (ni fui, ni seré) muy elocuente, o muy capaz de expresar lo que pienso/ siento. Me embrollo, doy vueltas y no termino diciendo ni la mitad de lo que quería. Pero necesitaba escribir algo. Párrafos inconexos, qué sé yo.

Ya dije hasta el hartazgo, incluso en este mismo blog, que probablemente Bowie me cagó la vida amorosa para siempre, gracias a Jareth, the Goblin King. Pocas cosas tuvieron un impacto tan grande en mí como Laberinto.
En pocos meses voy a ser madrina. Es una nena, pero cuando aún no se sabía, mi amiga (la futura madre), me dijo que entre los nombres de varón estaban barajando Tobías. Inmediatamente pensé "Toby! Como en Laberinto!" y me puse a buscar por toda internet onesies rayados rojos y blancos...

Cuando me mudé de la casa de mis viejos, vine a mi depto (por ese entonces casi vacío), con la notebook para escuchar música. Y recuerdo haber puesto Changes, y haber bailado y cantado sola en el medio del living, feliz.

Hace poco salí al balcón a ver el atardecer. Era uno de esos atardeceres rojos, una maravilla. Justo sonaba Where are we now. El momento era tan perfecto que me emocioné hasta las lágrimas.

Creo que eso es todo lo que soy capaz de redactar.

Qué tristeza enorme.
Adiós, David. Pero gracias por dejarnos tu arte.