1 de septiembre de 2017

Transilvania en el Cuartelito III: Shit just got real

Después del episodio del lunes a la madrugada, mi miedo y paranoia alcanzaron límites nunca antes vistos; principalmente porque NUNCA encontramos al murciélago. Los bomberos se fueron sin haberlo cazado, yo revisé la habitación de arriba abajo y tampoco encontré nada, y no hay muchos más lugares en mi casa como para buscar. Así que cada día, antes de que bajara el sol, cerraba herméticamente todas las ventanas, prendía todas las luces de la casa, y me encerraba en la pieza a dormir con el velador prendido (o a intentarlo), no sin antes haber vuelto a repasar todo: placard, cajonera, abajo de la cama.

Ayer, jueves, hice toda la rutina preventiva anti murciélagos, preo cuando me encerré a dormir, apagué las luces del living, por primera vez en la semana. El velador me lo dejé prendido, y a eso de las 2 de la mañana lo apagué también.

4.30 me despierta un ruido sospechosamente similar a los del lunes a la madrugada; amortiguado, porque tenía la puerta de la habitación cerrada, pero sin lugar a dudas el sonido de ALGO bardeando en el living. Prendí el velador, me escondí abajo del acolchado y empecé a transpirar como nunca en mi vida, y a putear en sánscrito a todo el reino animal. Ni en pedo me asomaba a ver qué era. Un rato después, con la luz prendida y la seguridad de que no había nada adentro de mi pieza, logré dormirme de nuevo.

A las 6.30 me levanté para ir a trabajar, pero recordando el ruido de la noche anterior, me asomé con cautela al pasillo, y prendí todas las luces. No vi ni escuché nada raro, así que me empecé a preparar. Mientras me cepillaba los dientes, me asomé al living a recorrer todo con la vista, y algo me llamó la atención: por detrás de la cortina del living (blanca), sobre la pared (blanca) había una tirita de algo negro, e inmediatamente supe lo que era: UNA COLA DE MURCIÉLAGO. 

Tratando de controlar el ataque de temblor que me dio, evalué la situación:
1. estaba en culo y con la boca llena de pasta de dientes; salir corriendo no era una opción.
2. las luces del living estaban prendidas, así que supuse que el bicho no iba a querer salir de atrás de la cortina, al menos por un rato.
Cerré la puerta de la habitación, para mantener el área bat-free; la del baño la dejé abierta, para poder observar cualquier movimiento, pero pronta a cerrarla ante la menor señal de que el bicho se hubiera decidido por un último estiramiento de alas. Me terminé de asear y vestir a una velocidad nunca vista, saqué la cartera y la campera afuera del depto (al pasillo) y, con mi arma mortal EL ESCOBILLÓN, me acerqué lo más que pude para correr la cortina; era necesario asegurarme de que en verdad era el murciélago colgado, porque ALTO PAPELÓN SI NO. Pero, como me imaginé, corrí la cortina y ahí estaba el muy mierdita, durmiendo cabeza abajo, envuelto en sus alas, lo más pancho de la vida.

Bueno, dije, ya hice todo lo que pude, que luego venga gente competente a sacarlo. Yo me voy a la mierda. Atiné a revolearle con el armband de Nike desde la puerta, para ver si hacía algo, pero obvio le erré, porque tengo la peor puntería del Universo, e igualmente ni se inmutó.

Me fui para la oficina, mientras me comunicaba con la casa de mis viejos para informarlos de la situación y reclutar a mi papá para que se ocupe de ir con los de control de plagas. Pero resulta que los de control de plagas no podían ir hasta mañana. "Papá, el bicho está durmiendo AHORA en mi cortina!" exclamé. Probablemente inflado las bolas de mi y de mis quirópteros, mi viejo se ofreció a ir personalmente a encargarse del asunto, cosa que hizo, valiéndose del escobillón (al que, a partir de ahora, llamaré Andúril) y de una valentía que claramente no heredé.

Era el mismo del lunes, que se escondió en la oscuridad hasta que tuvo oportunidad de salir, cuando por fin yo apagué las luces? Era uno nuevo? Si lo primero, VIVÍ CUATRO DÍAS CON UN MURCIÁLAGO EN CASA. Si lo segundo, MI CASA ES LA PUTA BATICUEVA. Y de una u otra manera, por dónde entró/entraron? Demasiada incertidumbre para mi gusto.

Sabiendo que tengo que revisar y limpiar hasta el último rincón del depto con lavandina, y sabiendo también que no iba a hacer a tiempo a hacerlo hoy antes de que el sol se esconda, tomé la decisión de armar una mochila, agarrar mi compu y el libro que estoy leyendo actualmente  y venirme a la casa de mis viejos, desde donde escribo estas líneas. Mañana volveré con los de control de plagas, para revisar todo, ver por dónde mierda se pueden haber metido, y asesorarme sobre aparatos de alta frecuencia que los espantan. Y luego proceder a la más profunda desinfección integral. Estoy convencida de que se estuvo escondiendo atrás de unos libros en la biblioteca, porque hoy vi un adorno que estaba volteado (y vivo sola, y yo no lo tiré, so...).

Qué semana de mierda. Me quiero ir a vivir a la Antártida.

28 de agosto de 2017

Transilvania en el Cuartelito II: Vlad is back

Hace no mucho tiempo, en octubre del año pasado, sufrí el primer ataque vampírico de mi vida; lo conté todo en este Storify (por si no se enteraron, o quieren releerlo y reírse un poco).

Esta madrugada, en un confuso episodio, sufrí el segundo (y, por el bien de mi músculo cardíaco, espero sea el último).

Por empezar, estaba insomne como casi cada noche de mi vida; me dormí pasadas la 1.30 am. A eso de las 3 escucho un ruido como de golpeteos que me despertó. Semi dormida no atiné a darme cuenta del peligro hasta que se me prendió media lamparita y me di cuenta de que el susodicho ruido era un ALETEO inmundo, como si bestias cartilaginosas del Averno se arremolinaran en mi habitacBUENO NOS CALMAMOS LOVECRAFT.

Juro que vi al murciélago sobrevolando la pieza. Era enorm... no, era mediano nomás, pero las alas parecían medir dos metros cada una. No, tampoco, repito que era mediano, pero EL JULEPE. Primero me tapé hasta la cabeza pero luego, pensándolo mejor (o tal vez no pensando at all), revoleé todo el acolchado, salí corriendo y cerré la puerta para encerrarlo (o eso pensé). Como mi celular había quedado en la mesa de luz a merced del inmundo bicho, agarré el teléfono de línea y me encerré en el baño (luego de prender absolutamente todas las luces de la casa, y de asegurarme de que el baño era un lugar seguro y bat-free).

Temblando de pies a cabeza, llamé al 911. No se rían, qué querían que hiciera? Por mi voz, cualquiera hubiera jurado que yo era Wendy en la escena de El Resplandor en la que Jack Nicholson quiere abrirse paso al baño a fuerza de hachazos. PÁNICO, tratando de explicarle a la chica que me atendió que habían entrado murciélagos (decir que era uno solo me daba vergüenza), que les tengo un miedo irracional y que no sabía qué hacer. La chica, probablemente aguantando la risa, me dijo que llamara a los bomberos, cosa que hice inmediatamente.

El señor que me atendió en Bomberos hizo un buen manejo de crisis, al punto en que logré dejar de hablar con voz de I see dead people. Me dijo que no me preocupe, que no atacan, y que iba a ver si podía mandar a alguien. Me pidió la dirección y el teléfono para confirmarme, y me sugirió llamar también a Defensa Civil cosa que también hice. En Defensa Civil no me dieron ni bola, y al poco rato me llamaron de Bomberos, diciendo que ya me enviaban un móvil. Como la batiseñal, pero a la inversa.

A eso de las 4 se apersonaron en el Cuartelito (de ahora en más, la Baticueva) dos bomberos con mucha paciencia. Yo me encerré en el baño nuevamente mientras ellos, munidos de escobillón y una bolsa, entraron en la pieza. 

Luego de largos minutos, salieron: el bicho NO ESTABA. Los miré con cara de "Les juro que estaba, lo vi, intentó chuparme la sangre". Pero revolvieron absolutamente TODO, corrieron muebles, abrieron el placard, levantaron el colchón, y nada. Revisaron la cocina, en donde también había escuchado ruidos: nada.

Nos miramos los tres, ellos con comprensión, y yo con cara de querer morir (un poco de vergüenza, y otro poco porque se iban a ir sin cazar al murciélago). En el silencio que se hizo, SE ESCUCHÓ UN ALETEO. Mi honor estaba salvado.

No ayudó que uno de los bomberos me dijera que "cuando están así, que van y vienen, es porque están enfermos"; mi mente procesó esa información como "hay un murciélago rabioso en tu casa, sediento de sangre de personas nacidas bajo el signo de Acuario".

Aún así, el bat-stardo (see what I did there?) no apareció, por más que la búsqueda se retomó con redoblada intensidad. Siendo ya más de las 5 de la madrugada, y recomendándome que "cualquier cosa nos volvés a llamar, sin problema, hasta las 8 estamos", se fueron.

Yo, con todas las luces prendidas, y un cansancio atroz, no sabía qué hacer.  Lo único que se me ocurrió (un rato después de que los bomberos se fueron) fue que el bicho se hubiera metido al entretecho que hay en el pasillo por un agujero que quedó de unas dicroicas mal puestas. No quedaba otra alternativa, porque las ventanas estaban todas cerradas, y el hijo de puta no se veía, pese a que seguía escuchando el quilombo que hacía.

Tomando cartas en el asunto, "clausuré" esas aberturas (y por ende, las dicroicas del pasillo) con un complejo sistema, consistente en pegar con mucha cinta de embalar una hoja A4 que las tapara.

Después, habiendo vuelto a revisar la habitación de manera exhaustiva, con una linterna, hasta los recovecos en los que no entraría ni un mosquito, me acosté para tratar de dormir un rato, porque a esa altura (6.30 am) el dolor de cabeza era atroz. Avisé a la oficina, puse la alarma un par de hs después y me metí en la cama, tapada al punto en el que casi no podía respirar, con el velador prendido y la persiana abierta para que entre claridad desde la primera luz del amanecer.

Dormí? Obvio que no. Me pasé casi tres horas panickeando en la cama, hasta que me levanté, lo llamé a mi viejo para que me gestione, con su electricista, la remoción de las dicroicas y la colocación de plafones que tapen por completo los agujeros, me vestí y me fui a trabajar. Obvio que llegué con la peor cara de muerto vivo que vio toda esta gente jamás. Mi jefa, preocupada por mí, me decía "si no te sentís bien, andate a tu casa". NI LOCA, mi casa está llena de vampiros, me quedo a salvo en la oficina mejor.

Y así estamos. No sé con qué me encontraré cuando llegue a mi casa hoy; pero ya tengo pensado preparar una mochila y, al menor signo de vida animal, darme a la fuga, rumbo a la casa de mis padres.

4 de marzo de 2017

Anti consejos para preparar el equipaje

Siempre que me cruzo con alguna nota/post del estilo "Consejos para hacer la valija de manera eficiente", la leo. Rara vez encuentro consejos realmente útiles, y sí una sarta de ridiculeces y cosas poco prácticas; o, al menos, que nada tienen que ver con la manera en la que yo viajo.

Ha aquí algunos ejemplos:

1. "Lleva ropa vieja que puedas tirar durante el viaje. Así el equipaje será más ligero y tendrás espacio para guardar las cosas nuevas que compres"
Dale, voy a quedar fantástica yendo al Victoria & Albert a ver una exposición con esa remera toda chota y estirada, y la jogineta de los domingos... en un caso extremo, puedo llegar a ir al almacén con alguna prendita no muy primorosa, pero de viaje? NI MUERTA.
Qué hago (o trato de hacer) yo: llevo ropa combinable entre sí, que me guste y me quede cómoda. Ayuda armar los outfits con anticipación, un poco para no llevarse tanta ropa al pedo, y otro poco para no darte cuenta a 12.000 km de tu casa de que el único corpiño que va con ese vestido que te llevaste de viaje te lo dejaste olvidado en el cajón :P

2. "¿Te has olvidado de la pasta y el cepillo de dientes, el peine y el desodorante? Pregunta en la recepción del hotel. Siempre tienen muestras pequeñas disponibles".
Si te has olvidado la pasta, el cepillo de dientes y el desodorante, querido amigo, eres un sucio. Y si las pides en el hotel en vez de ir a comprarlas inmediatamente, eres un canuto.
Qué hago yo: llevo mis propios toiletries. Díganme maniática, pero el shampoo de hotel es horrendo, y el jabón también, y además yo uso jabón neutro. Y desodorante Dove de tapa gris, los otros me abandonan (?). Y una larga lista de cremas y demás cosméticos. Sepan que siempre que me voy de vacaciones, viajo con una piedra china y una crema para los pies. Además, mi problema con el equipaje es siempre a la vuelta, no a la ida. Así que me llevo todos los cosméticos que quiero y necesito, a veces en frascos más pequeños; y sí, me llevo un jabón Véritas amarillito, supérenlo. Total, eso mayormente se queda en destino. A excepción del protector solar y la crema para la cara, todo lo que me sobra se queda de vacaciones infinitas.

3. "Aprovecha los espacios vacíos de la maleta. Enrolla la ropa, en lugar de doblarla. Mete los calcetines, la ropa interior y los accesorios dentro de los zapatos."
Lo único que logra enrollar la ropa en vez de doblarla es arrugarla toda, en mi experiencia. Y nunca jamás me verán meter un calzón adentro de una zapatilla, por el amor de Thor!
Qué hago yo: lo que siempre hago, Pinkie: ordeno a la perfección y todo queda fantástico sin andar enrollando ese vestido strapless que CÓMO MIERDA SE ENROLLA UN VESTIDO STRAPLESS??

4. "Haz un equipaje ligero. Si puedes arreglártelas con equipaje de cabina, hazlo. Intenta llevar la mitad de las cosas que necesitas y el doble de dinero". 
En el equipaje de cabina no puedo llevar todos los cosméticos que necesito. Ni siquiera un desodorante! Mirá si después tengo que andar pidiendo uno en la recepción del hotel! Y lo de "llevar la mitad de las cosas que necesitas" es directamente idiota. En vez de salir a conocer y a pasear, tenés que ir a comprarte medias y una remera. Y un desodorante. NO.
Qué hago yo: valija para despachar, carry on y cartera. Y así he subido y bajado escaleras del Tube, señores. No pasa nada. Fundamental que las valijas tengan 4 rueditas, tho. Se llevan solas.

5. "Lleva puesto en el viaje lo que más ocupe en la maleta, como las botas o borceguíes." 
Obvio, con lo cómodo que es volar 12 hs con botas! Por no hablar de los controles del aeropuerto. (Creo innecesario aclarar que no me verán jamás de los jamases usando borceguíes, ni nada que se le parezca - ejem, horrorosos Doctor Marteens -).
Qué hago yo: calzas y zapatillas, musculosa de modal larguita, otra remera o musculosa más suelta arriba, y una camperita tipo hoodie. Una pashmina, porque tengo garganta de outlet. Y este año llevaré seguramente mi campera ultraliviana, que se guarda en una bolsita y funciona como almohadita de viaje también. En destinos de playa, me llevo una mini de jean y ojotas en el carry on, y me cambio en el aeropuerto, porque CALOR.

En fin, uno siempre tiene las mejores intenciones, pero a veces empacamos para el orto. Igualmente, para este año, yo ya tomé mis precauciones...