28 de agosto de 2017

Transilvania en el Cuartelito II: Vlad is back

Hace no mucho tiempo, en octubre del año pasado, sufrí el primer ataque vampírico de mi vida; lo conté todo en este Storify (por si no se enteraron, o quieren releerlo y reírse un poco).

Esta madrugada, en un confuso episodio, sufrí el segundo (y, por el bien de mi músculo cardíaco, espero sea el último).

Por empezar, estaba insomne como casi cada noche de mi vida; me dormí pasadas la 1.30 am. A eso de las 3 escucho un ruido como de golpeteos que me despertó. Semi dormida no atiné a darme cuenta del peligro hasta que se me prendió media lamparita y me di cuenta de que el susodicho ruido era un ALETEO inmundo, como si bestias cartilaginosas del Averno se arremolinaran en mi habitacBUENO NOS CALMAMOS LOVECRAFT.

Juro que vi al murciélago sobrevolando la pieza. Era enorm... no, era mediano nomás, pero las alas parecían medir dos metros cada una. No, tampoco, repito que era mediano, pero EL JULEPE. Primero me tapé hasta la cabeza pero luego, pensándolo mejor (o tal vez no pensando at all), revoleé todo el acolchado, salí corriendo y cerré la puerta para encerrarlo (o eso pensé). Como mi celular había quedado en la mesa de luz a merced del inmundo bicho, agarré el teléfono de línea y me encerré en el baño (luego de prender absolutamente todas las luces de la casa, y de asegurarme de que el baño era un lugar seguro y bat-free).

Temblando de pies a cabeza, llamé al 911. No se rían, qué querían que hiciera? Por mi voz, cualquiera hubiera jurado que yo era Wendy en la escena de El Resplandor en la que Jack Nicholson quiere abrirse paso al baño a fuerza de hachazos. PÁNICO, tratando de explicarle a la chica que me atendió que habían entrado murciélagos (decir que era uno solo me daba vergüenza), que les tengo un miedo irracional y que no sabía qué hacer. La chica, probablemente aguantando la risa, me dijo que llamara a los bomberos, cosa que hice inmediatamente.

El señor que me atendió en Bomberos hizo un buen manejo de crisis, al punto en que logré dejar de hablar con voz de I see dead people. Me dijo que no me preocupe, que no atacan, y que iba a ver si podía mandar a alguien. Me pidió la dirección y el teléfono para confirmarme, y me sugirió llamar también a Defensa Civil cosa que también hice. En Defensa Civil no me dieron ni bola, y al poco rato me llamaron de Bomberos, diciendo que ya me enviaban un móvil. Como la batiseñal, pero a la inversa.

A eso de las 4 se apersonaron en el Cuartelito (de ahora en más, la Baticueva) dos bomberos con mucha paciencia. Yo me encerré en el baño nuevamente mientras ellos, munidos de escobillón y una bolsa, entraron en la pieza. 

Luego de largos minutos, salieron: el bicho NO ESTABA. Los miré con cara de "Les juro que estaba, lo vi, intentó chuparme la sangre". Pero revolvieron absolutamente TODO, corrieron muebles, abrieron el placard, levantaron el colchón, y nada. Revisaron la cocina, en donde también había escuchado ruidos: nada.

Nos miramos los tres, ellos con comprensión, y yo con cara de querer morir (un poco de vergüenza, y otro poco porque se iban a ir sin cazar al murciélago). En el silencio que se hizo, SE ESCUCHÓ UN ALETEO. Mi honor estaba salvado.

No ayudó que uno de los bomberos me dijera que "cuando están así, que van y vienen, es porque están enfermos"; mi mente procesó esa información como "hay un murciélago rabioso en tu casa, sediento de sangre de personas nacidas bajo el signo de Acuario".

Aún así, el bat-stardo (see what I did there?) no apareció, por más que la búsqueda se retomó con redoblada intensidad. Siendo ya más de las 5 de la madrugada, y recomendándome que "cualquier cosa nos volvés a llamar, sin problema, hasta las 8 estamos", se fueron.

Yo, con todas las luces prendidas, y un cansancio atroz, no sabía qué hacer.  Lo único que se me ocurrió (un rato después de que los bomberos se fueron) fue que el bicho se hubiera metido al entretecho que hay en el pasillo por un agujero que quedó de unas dicroicas mal puestas. No quedaba otra alternativa, porque las ventanas estaban todas cerradas, y el hijo de puta no se veía, pese a que seguía escuchando el quilombo que hacía.

Tomando cartas en el asunto, "clausuré" esas aberturas (y por ende, las dicroicas del pasillo) con un complejo sistema, consistente en pegar con mucha cinta de embalar una hoja A4 que las tapara.

Después, habiendo vuelto a revisar la habitación de manera exhaustiva, con una linterna, hasta los recovecos en los que no entraría ni un mosquito, me acosté para tratar de dormir un rato, porque a esa altura (6.30 am) el dolor de cabeza era atroz. Avisé a la oficina, puse la alarma un par de hs después y me metí en la cama, tapada al punto en el que casi no podía respirar, con el velador prendido y la persiana abierta para que entre claridad desde la primera luz del amanecer.

Dormí? Obvio que no. Me pasé casi tres horas panickeando en la cama, hasta que me levanté, lo llamé a mi viejo para que me gestione, con su electricista, la remoción de las dicroicas y la colocación de plafones que tapen por completo los agujeros, me vestí y me fui a trabajar. Obvio que llegué con la peor cara de muerto vivo que vio toda esta gente jamás. Mi jefa, preocupada por mí, me decía "si no te sentís bien, andate a tu casa". NI LOCA, mi casa está llena de vampiros, me quedo a salvo en la oficina mejor.

Y así estamos. No sé con qué me encontraré cuando llegue a mi casa hoy; pero ya tengo pensado preparar una mochila y, al menor signo de vida animal, darme a la fuga, rumbo a la casa de mis padres.

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